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sábado, 6 de octubre de 2012

Puerto Rico, un caribe diferente.


Cocoteros, arena y mar concretan el sueño del turista, en la ciudad se conjuga la herencia colonial, la fuerza de la industria y el sabor del trópico.  Puerto Rico , la menor de las Antillas Mayores, es una isla cargada de historia, una historia ligada a España. Cristóbal Colón se quedó prendado por la belleza de la que entonces se llamaba Borinquén, cuando llegó en 1493, dijo " Esta isla supera en encanto a las demás ".

Las calles del Viejo San Juan, patrimonio mundial , es un legado de la arquitectura colonial en todo su esplendor. Al borde del costado sur de sus murallas se levanta imponente la Casa Blanca , durante generaciones fue residencia de la familia Ponce de León, descendiente del fundador de la ciudad y la mas antigua de los cerca de 800 edificios  coloniales de esta zona. Iglesias , fachadas multicolores, patios engalanados con mangos, se suceden como los únicos testigos de la historia.


Un trago de ron, la bebida nacional , puede ser la excusa perfecta para departir con los puertorriqueños, quienes enseñan con orgullo la destilería de Bacardí, situada a pocos minutos de San Juan., constituye una de las mayores fuentes de ingreso , junto con el turismo, que representan un seis por ciento del producto nacional bruto.  Además , el país es la isla más industrializada del Caribe.El interior de la isla es una ventana abierta a la selva y tienen si cabe mas encanto que las propias playas. Montañas cuajadas de vegetación salpicadas por aldeas de casas bajas. Recorrer el interior de la isla por sus estrechas y sinuosas carreteras es un placer a los sentidos. Una es la llamada ruta panoramica de La Santa, la tierra de Cayey, y la reserva forestal de Carité. Es la otra cara de la isla , tan diferente a la imagen de playas con cocoteros, cuerpos bronceados y piñas coladas.





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